Logré que las llamaradas profundas
calmaran su peso
Acaricié sus pétalos ardientes
abriéndolos de cerco a cerco
Entrando demente
Agarrándome fuerte
Palpitaban las fauces del magma
como llamándome de vuelta
Reclamaban su propiedad en mi
Pedían hueso, polvo de carne
De espalda al cielo
Sintiendo el humo de su pelo
Le enseñé quién manda
Y me arrojó al fuego