Los montes
Los granos
El vino
El barro.
Lo fácil
Lo difícil
Los antiguos amigos
Ahora conocidos
Pronto desconocidos.
El querer
El odiar
El extrañar
El olvidar
En semanas
En años
En una vida
En horas.
Reía y se alegraba sin alegato,
Con su mente reflejada,
En cuerpos distintos,
Con el espejo de nuestros pareceres
Sin el olvido.
Sentí lo cerca que estaba,
Aprecié todo momento,
Incluso en el que ascendió hacia los cielos
Posándose sobre cerros y labores
Sobre amigos y desapasiones
Desilusiones
Amores
Creencias
Y olvidos.
Inalcanzable se hizo:
En mármol se encerró,
Dejó de creer y ver,
En errores se rodeó.
Que el sol la cuidé,
Que las nubes le protejan,
Que las palomas oportunas no le dañen,
Que la vida no le absorba,
Que mire alguna vez hacia abajo
Que recuerde el pasado
Hacia las antiguas alegrías,
Los futuros abortados,
los destinos desechados,
Y mí presente figura.
Sembró plantas de ruina
Viró al escuchar sus semillas.
De pájaro carpintero
De Ucrania y su miedo.
Tac
Tac
Tac
El golpeteo incesante.
¡Dejanos ya!
Los arboles de metal se yerguen
Las láminas de temor hierven
El fuego lo consumirá todo
Mi pasto ya no será verde.
Era un vodka, o unas de esas rarísimas mixturas con sabor a todo. La tarde había sido rápida, como una secuencia de debilitantes caminares hacia lo profundo, de lo peor, resucitó malestares de su juventud, de su padre, de su abuelo, y amistades. No le gustaba. El vaso flotó sin que nadie le tomara, y su interior se volteó en segundos, mientras su nuca topaba su espalda y sus ojos se centraban en la fina luz de esos altos techos porteños.
Pensó en lo que no quería pensar, y meditó sobre el pasado. Lo repitió una vez, luego otra, pasó una hora, dos, y seguía repitiendo escenarios fantasiosos donde nunca ganaba, solo perdía, de distintas maneras. Pensó “si tomo otro vaso muero”; esta vez apoyó el mentón en su pecho y durmió en pesadillas de soledad y de triunfos a medias.