Monte Carmelo [1]
De las nocturnas caminatas sobre tristes cerros sin nombre, errante deambular en la cuna legendaria del amanecer eterno,
Cuyas olvidadas sendas coloniales sesgan las prisioneras lomas de un pasado que no tuvo futuro ni frondosa frialdad alguna en su florecer,
Ni natural manante helada madrugadora en las tiernas hojas del inmigrante eucalipto o el sirviente deseo venenoso del sigiloso litre,
Donde atiborradas mentes en televisión y pasta base vieron las últimas imágenes de una virgen romana que más nunca volvería a salvarles su corazonada de dictatorial suspiro final,
Por cual humanos cimientos pioneros de blanco falseado y miradas de olvido sintético emergieran la iglesia del mentir mas callar, ganar sin pagar, olvidar sin recordar: apartarse del más allá,
Marcaría hasta la más indeleble alma citadina tal destino ateniense,
Muy a pesar del silencioso apartado quejumbre boscoso del belloto verde hiel infeliz,
Avergonzado el fasces sangrante del talado empuñado en garra invasora, las pervertidas monjas sin vaticano a cuidar destruirían el resto del bosque en desvergüenza.
¡Maravilloso sea el libertinaje juvenil! Y los gritos de pasión y el arte sin reglas y el alcohol sociable y el pucho bien apagado y el floripondio perdido en musicales notas libres,
Salvado seas monte de tuya amenaza inherente, del eclesiástico puño blanco europeo y la animalesca estampida urbana,
Sesgadas sendas y lomas prisioneras por humanos ya no más, ni alambres de púas ni trampas a lazo: que el conejo salte libre y el caballo trote salvaje,
Que el niño con el boldo en la lengua surque nuevos caminos, trepe nuevos bellotos y juegue a ser el rey de la colina,
El barro, la llovizna, el viento: mi perdido caminar, me guiaran por las colinas eternas de nuevos valles verdes.
Donde nadie existirá.
[1] Es un poema al estilo beat, para recitar: tome aire a todo pulmón, lea, y vuelva a respirar en cada coma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario