Cómo lo agriodulce, como el blanco y negro, o el aceite más agua, como el niño maduro, como el adulto adolescente, y no el que cree ser lo contrario, si como el loco más sano que todos, el genio, el enamorado y traicionado por la locura.
Así es lo feliz, pero triste de la música de Daniel Johnston, creada desde el alma.
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